Os decía por aquí hace unas semanas que mi obra de relatos cortos había sido concebida, pero no por el Espíritu Santo ni por la IA, aunque reconozco haber recibido ayuda de ambas. Creo que es el producto de una relación incestuosa entre mi escurridiza inspiración y mi trabajo perseverante.
Hoy os anuncio que el embarazo progresa adecuadamente, aunque he decidido ajustarle el nombre y se llamará El último pastor de las nubes.
Tras el envío, hace unos meses, de mi primer manuscrito a la editorial Caligrama (con la que tengo contratado los servicios de autopublicación), me trasladaron una serie de sugerencias o propuestas para mejorarlo. Estuve trabajando unas semanas en ellas: incrementé los diálogos, traté de reforzar la voz propia a algunos personajes, revisé el orden de los relatos y también el papel de algunos personajes femeninos.
En este repaso he tenido siempre cerca El cafè de la Granota de Jesús Moncada, autor que me aconsejaron que leyera y estudiara, por las características y el tono de mi obra. No había leído nada de él y para mí ha sido un interesante descubrimiento. El universo de su pueblo, Mequinensa, a semejanza de otros como Macondo de García Márquez, me ha ayudado a redondear el mío y su entorno, como un microcosmos testigo de las tragedias y las alegría de los personajes.

Tras esta adaptación me encuentro mucho más a gusto con la criatura.
En estos días hemos entrado en otra fase: la editorial me ha enviado el manuscrito ya corregido para mi comprobación final. Lo que me han devuelto es oro para mí. Me está sirviendo para seguir aprendiendo en esta tarea de rebuscar palabras y ordenarlas adecuadamente. Un dato: mi manuscrito tiene 24.163 palabras y la correctora o corrector ¡me ha propuesto 1.750 cambios!, especialmente de signos de puntuación. La inmensa mayoría muy atinados. Y lo más sorprendente es que la obra sigue siendo la misma. Intacta del significado que quería darle. He puesto en valor ese desconocido y quizá poco valorado oficio de la corrección.
Todo esto me hace tomar conciencia de que estoy en los últimos momentos en que puedo introducir cambios. Es un tiempo bien diferente a todos los anteriores en los que tenía posibilidad de cambiar, retocar o eliminar algo del texto. Ahora ya no. Lo que decida en estos días quedará fijado, para siempre. Empezará a caminar solo, se liberará y ya no será mío. Eso intimida, ¡vaya si intimida!

Eso espero, hermano. A ver si de todo esto salgo algo interesante. Gracias por leer y comentar 🙂
Qué bien, hermano! Estamos impacientes.
Llama la atención que te ‘ desnudes’ explicando minuciosamente el proceso creativo que has transitado. Debe ser porque estás muy orgulloso del camino y del resultado.
Sigue disfrutando, que seguro que nos llega algo interesante.