Cerebros de la empresa privada al sector público: ¿Iría Pablo Isla al Ministerio de Fomento?

04.02.2011 Tino Fernández

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La posibilidad de una ‘fuga de cerebros’ desde la empresa privada hacia el sector público choca con obstáculos legales, culturales o de retribución. Mucho tendrá que cambiar la Administración para que el talento directivo acepte un cambio que, de momento, no convence.

«Nunca como ahora resulta tan necesario el trasvase de lo privado a lo público”. Quienes sostienen esta opinión lo hacen pensando en las exigencias de un nuevo modelo de crecimiento económico: Krista Walochik, presidenta consejera delegada de Norman Broadbent, asegura que «en el proceso actual de reinventarnos como España S.A., resultaría atractivo que las grandes corporaciones se plantearan quién es el mejor talento que se puede ceder para sacar el país adelante».

Pero la realidad es que tendrán que cambiar mucho las cosas para que el sector público llegue a ser un imán de talento para directivos y profesionales en una verdadera fuga de cerebros desde la empresa privada hasta la Administración. Y esto sin olvidar lo que apunta Cándido Pérez, socio responsable del sector público de KPMG, cuando asegura que «la opinión pública desconoce que la mayoría de los directivos del sector público cuentan con un alto nivel técnico y profesional y una dedicación que supera en algunos casos la que podrían desempeñar en el sector privado».

Krista Walochik habla de «una Administración caótica. Se requiere a alguien acostumbrado a simplificar grandes estructuras corporativas; que analice este caos y ayude a simplificarlo en su esencia. Lo público implica tiempos diferentes; grandes asuntos con visión de largo plazo; educar a la generación de 2050 o crear riqueza para tres generaciones vista». Añade que «el sector público tiene otra serenidad. Bien gestionado, debería favorecer que la gente sea más creativa. Es un caldo de cultivo para la innovación».

Walochik cree que «en el sector público falta flexibilidad. La membrana que filtra quién puede entrar y salir es poco permeable, y se da cierta rigidez en los mecanismos de entrada (oposiciones), en las posibilidades de ir escalando posiciones o en la clasificación de puestos. Hay demasiados cuerpos, demasiada verticalidad, y sólo en las posiciones muy altas se da cierto movimiento».

Julio Gómez-Pomar, director del Centro de Innovación del Sector Público de PricewaterhouseCoopers y de IE Business School, recuerda que «salvo algunos altos cargos (ministro, secretario general, director general) los puestos están reservados a funcionarios públicos». José Ramón Pin, profesor del IESE, coincide en que el hecho de que la mayoría de puestos estén ocupados por funcionarios –quitando los cargos de confianza electos– implica una razón estructural para que no se de la migración de lo privado a lo público. Y Francisco Longo, director del Instituto de Governanza y Dirección Pública de Esade, habla de un déficit de revolving door (puerta giratoria) entre ambos ámbitos en materia de directivos. Longo señala que «la migración del sector público al privado sigue siendo minoritaria, a pesar de que sea llamativa y salga en prensa. Se trata de un fenómeno mucho menos habitual que en otros países. Como también lo es la captación de talento privado por los gobiernos y las organizaciones públicas».

Sueldos
José Ramón Pin cita la retribución del sector público –inferior a la del privado– como uno de los grandes argumentos disuasorios para el trasvase de profesionales, y explica que «haría falta desarrollar el capítulo del directivo público, con una acreditación suficiente y valía demostrada; que pueda acceder a cargos en condiciones razonables desde el punto de vista laboral. Hay que marcar objetivos, retribución, razones para dejar el puesto de trabajo… Esto ocurre en países anglosajones, donde a la política y al sector público suele entrar gente que ya ha demostrado su capacidad en el sector privado y tiene cubiertas sus necesidades»

Julio Gómez-Pomar también se refiere a la brecha creciente en retribución entre el sector privado y el público –como obstáculo a la migración de profesionales– y añade que «el prestigio de la actividad pública se ha ido deteriorando con el paso de los años. El management público está escasamente institucionalizado. Hay miles de puestos de dirección en este sector que deberían tener contenido profesional, pero están ocupados por la política. Lo que tenemos todavía, y especialmente en las Comunidades Autónomas es una franja de dirección colonizada por los partidos. La confianza política prevalece sobre la cualificación y las competencias gerenciales, y este es un factor de disuasión».

Xavier Roig, que ha sido director general en multinacionales como Sema Group o Schlumberger, se pregunta en su libro La dictadura de la incompetencia «de qué me sirve tener parlamentarios de derechas y de izquierdas si no hay ninguno que sepa hacer las leyes que necesito porque no tienen ni idea de lo que necesito… ¿De qué me sirve este Parlamento si no hay nadie que sepa leer un balance y ni siquiera tiene miembros que sepan lo que es luchar verdaderamente cada día por el puesto de trabajo?».

Francisco Longo recuerda que «en este momento, todos conocemos a alguien que es directivo en paro. El capital humano directivo que ha perdido su puesto por la crisis no será rentabilizado por el sector público. No hay ofertas porque los partidos colocan a los suyos. Y desde el sector privado no se percibe la Administración como un mundo de oportunidades, innovación o crecimiento profesional que pueda atraer a ciertos perfiles».

Krista Walochik se pregunta quién querría pasar del sector privado al público: «Un idealista, con vocación de servicio. Estadistas. Quien da este paso no lo hace por dinero». Y relata el caso de los secondmentsen Reino Unido: la asignación temporal de profesionales del sector privado al sector público. Las Big Fourmandan socios a una función pública para sacar adelante un proyecto y estos regresan más tarde a la compañía. Bajo este modelo –en España tenemos asesores– muchos grandes profesionales encontrarían atractivo el paso a lo público».

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