OPINIÓN. «Policía de proximidad, ¿posible?», se pregunta Curbet

Los que aún no lo hayáis hecho os invito a que  leáis «El rey desnudo. La gobernabilidad de la seguridad pública». Colección Gestión de Calidad. Editorial UOC (en castellano) de Jaume Curbet¹. Tuve la suerte de que a mí me lo entregó su propio autor en un viejo café de Girona hace unas semanas.

Como siempre, Jaume, aparte de esa interesante visión crítica sobre lo que se está estamos haciendo en seguridad pública yendo de lleno a las raices del problema, en la primera parte realiza unas acertadas reflexiones sobre la  inseguridad objetiva y subjetiva y los indicadores de la misma.

Para los que nos dedicamos a esa parte más prosaica de la implantación de proyectos (de proximidad y similares) en organizaciones policiales, el apartado final del libro  (Policía) nos aporta interesantes elementos. Describe de una manera muy acertada el origen de los problemas que estamos encontrando en la implantación de estos modelos, y cual ha sido la evolución hasta la aparición del modelo de funcionamiento de patrullas reactivas en automóvil (dominante), frente al tradicional preventivo o de patrullaje a pie (que era el imperante no hace muchos años), y la importancia que ha tenido la incoporación de las nuevas tecnologías en todo este proceso. Conocer la causa del problema ayuda a buscar estrategias para resolver los problemas que estamos teniendo para implantar y «volver» a fortalecer la policía de proximidad.

El teléfono, la radio, y los vehículos han cambiado a las policías, plantea Curbet. De las policías proactivas se ha pasado a unas policías prácticamente reactivas (de respuesta),  las capsulas de vidrio y metal (coche patrullas) están haciendo que no oigamos (ni veamos) la realidad. Solo la conocemos por las noticias que tenemos en las llamadas telefónicas o las denuncias (que está demostrado que no manifiestan todo lo que hay). Tenemos pues el problema planteado.

De las enseñanzas de Curbet se desprende que debemos volver al territorio, mezclarnos con la comunidad, implicarlas, reconocerlas no sólo como «colaboradores» o alertantes sino como sujetos activos de la solución (el control social es la mejor manera retomar la solución).

Mi padre, que era Guardia Civil, me cuenta que salía de servicio en los años sesenta (en pareja por supuesto) y no llevaba teléfono móvil, ni siquiera walkie-talkie. Además de que no había ninguna posibilidad de que le requieran para ir a un  lugar en el que estaba ocurriendo un incidente, muy pocos llamaban al teléfono del puesto. Intuyo que la fuente de conocimiento que tenían de la seguridad, que no era poco, provenía del contacto que tenían con los ciudadanos («la papeleta» le obligaba a tomar contacto con el payés de la possesió que se la firmaba) y con la sociedad en general. No había «reacción», todo lo que se podía hacer era «proactivo».

El otro día me sorprendí diseñando conjuntamente con un jefe de policía una cosa parecida a una «papeleta» para un servicio policial que queremos que sea moderno (cuarenta años después que mi padre la utilizara).

 

¹Director del Master en Políticas Públicas de Seguridad de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC)

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