OPINIÓN. Midiendo la felicidad

Fecha: noviembre 2009

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Os adjunto un interesante artículo de  CAMILO JOSÉ CELA CONDE que se hace eco de una reflexión de Sarkozy y reflexiona sobre la necesidad de medir… ¡LA FELICIDAD!, cuestionando otros indicadores que empleamos actualmente para explicar la realidad. 

Me temo que esto de medir las cosas que hasta ahora no se medían, o de medir las cosas de diferente manera a como se venía haciendo, va a ser una constante que ocupe mucho a los responsables de organizaciones públicas y privadas en los próximos años.

 Fuente: diariodemallorca.es
Fecha: 29/09/09

CAMILO JOSÉ CELA CONDE

Si lo que el presidente Sarkozy ha dicho en el acto de presentación del informe acerca del progreso económico y social en Francia, lo hubiera soltado un patre, un gurú, un visionario, un eremita o incluso un pensador, habría sido tachado de pataleta. El presidente del país que dio paso a la modernidad, que redactó la Enciclopedia, que inventó los derechos humanos y que dio paso a la revolución, con mayúsculas, ha sostenido que los indicadores económicos y, en general, las estadísticas no reflejan lo que en verdad interesa, lo que conviene saber de cara a mover conciencias, manejar la administración, urdir leyes y construir el futuro deseable —o al menos intentarlo. Los números oficiales hablan de renta per capita, de producto interior bruto, de desarrollo y de precios al consumo pero se olvidan de lo que en verdad vale, que es el bienestar.

Que los jefes de Estado, los presidentes y los primeros ministros hablen del bienestar no supone novedad alguna. Lo hacen de continuo, dando por sentado que todo lo que piensan y ejercen redunda en beneficio de los ciudadanos. Pero se trata de un simple ejercicio de retórica porque a ninguno de ellos, que yo sepa, se le había ocurrido no sólo hablar de bienestar sino además medirlo. Es exactamente eso lo que reclama el marido de Carla Bruni: medidores capaces de reflejar la felicidad, de traducirla en números.

Los economistas lo tienen crudo, si es que son ellos quienes van a tener que encargarse del nuevo reto. No sólo habrán de lidiar con los problemas de siempre, entre los que se encuentra, por cierto, el de dar con el bálsamo de Fierabrás que nos permita salir de la crisis económica, sino que encima habrán de ponerse a idear termómetros de buena vida. De eso saben más, en realidad, los sociólogos, los urbanistas, los geógrafos, o quienes sean que hacen los promedios mediante los que se saca a cada poco la lista de las ciudades con mayor calidad de vida que hay en cada país. Pero ni aun así. El bienestar personal es algo mucho más difícil de medir que la pureza del aire y el desagobio en las calles. Estamos hablando de lo que los filósofos llaman qualia, de sensaciones personales que no se pueden vislumbrar como no sea por introspección.

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